Tuesday, December 27, 2005

EL INTELECTUAL Y EL POLÍTICO

Retomo este artículo que Antonio Caballero, uno de los grandes periodistas colombianos, ha escrito en su columna de la revista Semana, porque me parece que refleja como ningún otro el papel del intelectual en la realidad que le rodea. Una lección que personajes tan importantes como Gabriel García Márquez han olvidado (y no me refiero solamente al lamentable papel que desempeñó hace unos años al prestarse para un spot publicitario donde se apoyaba la candidatura del inepto y frívolo Andrés Pastrana a la presidencia de la república de Colombia). Y como nuestro nóbel hay un sinúmero de "intelectuales" que aparcan su pensamiento en los rincones de la comodidad, o mejor, del interés particular.


El intelectual y el político

Harold Pinter nos acaba de recordar, en su irónico y amargo y sardónico discurso de recepción del premio Nobel de Literatura, cuál debe ser la función del intelectual en la sociedad: la denuncia de la mentira.
Por Antonio Caballero

Y, de pasada, cuál es la utilidad de los grandes premios literarios: darle al premiado una tribuna desde la cual ejercer la función de intelectual.
Pues el propio Pinter, hasta dónde yo sé, no había sido nunca un intelectual "profesional", por decirlo así. Su oficio es el de dramaturgo, y tanto en sus piezas de teatro como en sus guiones de cine su principal característica es la ambigüedad, que es lo propio del arte. De entrada lo dice en su discurso: "Una cosa no es necesariamente o verdadera o falsa; puede ser a la vez verdadera y falsa". Pero eso que predica y practica en su arte de escritor no lo puede aceptar en tanto que ciudadano: "Como ciudadano tengo que preguntar: ¿qué es verdadero? ¿Qué es falso?".
Pregunto yo a mi vez: ¿qué es un intelectual? Un ciudadano que opina libremente, y públicamente, sobre lo público; pero que no es un político. Suele ser un escritor: un poeta como Quevedo, un filósofo como Kant, un novelista como Dostoievski, o un periodista como Camus. Pero puede ser un músico (Wagner); o un científico (Einstein); o incluso un cura (el Papa, digamos, cuando no pontifica: o sea, cuando no hace política). Con respecto al escritor dice Pinter que "no encuentra refugio a no ser que mienta; y en ese caso podría decirse que se ha convertido en un político". Es lo contrario de un intelectual, cuya función es justamente la de denunciar la mentira del político: la mentira del poder.
Intelectual es Sócrates, o el profeta Jeremías, o el Zola del Yo acuso, o el Orwell del Homenaje a Cataluña: el que denuncia la mentira que es necesaria para el político. Intelectual es el niño aquel del cuento que se atrevió a decir, públicamente, que el Emperador iba desnudo.
Julien Benda, en su célebre ensayo de hace ya casi un siglo, La traición de los clérigos ( o sea, de los intelectuales), explica que estos se traicionan a sí mismos cuando no dicen toda la verdad sin preocuparse de las consecuencias. O sea: cuando se convierten en políticos.
En su discurso de intelectual Harold Pinter denunció en particular las mentiras políticas de los gobiernos de los Estados Unidos, porque, dijo, han sido mentiras creídas: han convencido a casi a todo el mundo, en una "brillante, ingeniosa y exitosísima operación de hipnotismo" durante el último medio siglo. El secreto, señaló Pinter, estriba en la hábil utilización de las palabras "el pueblo norteamericano". Como en la frase "le digo al pueblo norteamericano que hay que defender los derechos del pueblo norteamericano y le pido al pueblo norteamericano que confíe en las decisiones que su presidente toma por el bien del pueblo norteamericano". Y no acababa Pinter de terminar esa parodia de frase de presidente norteamericano cuando el de verdad, George W. Bush, salió a hacer una parodia de la parodia diciendo que le parecía "un acto vergonzoso" el de quien (intelectual sin duda, aunque por ahora anónimo) le reveló a la prensa norteamericana que su gobierno espía a sus ciudadanos, practica la tortura de los prisioneros de guerra y tiene cárceles secretas en medio mundo. Acto vergonzoso porque, aseguró Bush, esas cosas inmorales, ilegales y violatorias de la Constitución (y que por eso se hacen de manera clandestina) son necesarias mientras exista "la amenaza continua de un enemigo que quiere matar a ciudadanos norteamericanos".
Hace dos o tres días, en el bus, oí a una muchachita que le decía a su amiga:
-Es demasiado cierto para ser verdad ¿no? Sí.
Y es una buena descripción de lo que debe decir siempre el intelectual: aquello que es demasiado cierto para ser verdad, y que por consiguiente el político no dice nunca.

Monday, December 26, 2005

EL METRO Y EL AZAR

Ese martes de diciembre salí temprano de casa porque tenía una entrevista de trabajo a las 11 de la mañana. Así que después de abrigarme lo necesario para hacer frente al frío húmedo que parecía meterse en los huesos, me dirigí hasta la estación de metro más cercana. Y mientras me aproximaba hasta allí con paso ligero, observaba a la gente enjuta casi comprimida sobre si misma. Todas las personas parecían ir de prisa y con la misma cara de frío. Antes de llegar a la estación me fijé en un hombre que iba delante de mi. Era moreno y de estatura media y llevaba una caja azul en la mano.

Bajé las escaleras para adentrarme en el subterráneo, compré un ticket de 10 viajes y procedí a validarlo; ya en el andén donde se agarra el metro volví a ver el hombre de la caja azul. Tenía las cejas pobladas y unos ojos profundamente negros. Llevaba vaqueros desgastados y una chaqueta en tonos negros y azules. Parecía de la india o de Pakistán.

Cuando llegó el metro ambos corrimos hacia la misma dirección pero yo giré la perilla para abrir la puerta y entrar. Ví dos asientos desocupados en el costado izquierdo. Me senté en el del pasillo. No me quité el abrigo porque me bajaba pronto, así que me acomodé como pude mientras puse el bolso en el regazo y cogí uno de los libros que siempre porto conmigo para leer cuando viajo en el subway. Esta vez llevaba las Ciudades Invisibles de Italo Calvino. De repente me fijé en la persona que se había sentado a mi lado. Era un hombre joven, moreno y llevaba una caja azul en el regazo. Tenía unas manos grandes y unas uñas descuidadas. Miraba hacia la negrura de la ventana. Propera parada Rocafort, dijo la voz gangosa que se escuchaba por los altoparlantes.

Alisté mis cosas mientras me levantaba para buscar la salida. El hombre de la caja azul hizo lo mismo. Salió detrás de mí pero en el pasillo me rebasó. Lo pude ver nuevamente de espaldas con sus pasos seguros y ligeros.

Una vez afuera busqué la dirección de la empresa en la cual tenía la entrevista de trabajo -a la que llegué después de dar unas vueltas de más. Me esperaba una joven de hierros en los dientes y aliento de cocodrilo. Me llamo Montse, me dijo con una voz que intentaba ser cálida. La entrevista fue un monólogo y el trabajo era una mierda (muy a tono con la precariedad laboral de este país). Así que después de unos cuantas preguntas yo me dí cuenta que estaba en el lugar equivocado y ella, que yo era la persona equivocada. Un curriculum demasiado brillante para una labor que solamente exigía dos cosas: hablar fluidamente el catalán y tener un sentido muy alto de resignación - o mucha necesidad- para aceptar una situación de flagrante explotación.

Salí con un nudo en el estomágo y con ganas de estrangular a todos los empresarios sin escrúpulos, a los que trazan las políticas laborales, a los que dicen que, en efecto, España es un país desarrollado con uno altos índices de bienestar social. Pero sobre todo salí con una rabia inmensa y con la convicción de que en lo posible no engrosaría las listas de la vergüenza, aquellas que hablan de una precariedad laboral aguda que se nutre, sobre todo, de jóvenes preparados y preparadas como yo, sean autóctonos o extranjeros (claro, haciendo la salvedad de que estos últimos tenemos más posibilidades de hacer parte de ellas).

De vuelta a la estación de metro para regresar a casa, me fijé en las calles adornadas con motivos navideños, en los hombres y mujeres vestidos con ropas de tonos oscuros que entraban o salían de las tiendas y centros comerciales cargados con bolsas de compras. "Falda ibicenca, 25 euros". "En liquidación por jubilación". "Todo a 60 y más". Caminé despacio mirándolo todo con curiosidad y con una sonrisa de escepticismo en los labios. Me gustó sentir el frío en la cara, escuchar el ruido de los coches, el murmullo de la gente, y la musiquilla de un papa noel (que se está apoderando de las fiestas decembrinas de esta ciudad), puesto en la puerta de una tienda de ropa formal, que tenía unos cascabeles en la mano y hacía un incesante movimiento de péndulo.

Crucé una calle antes entrar en la boca del metro. Validé el ticket y esperé al gusano de los agujeros oscuros. Venía vacío. Abrí la puerta y me senté en uno de los asientos. No quise sacar el libro sino que me dediqué a mirar por enésima vez el esquema de las paradas de esa lína del metro, pintado encima de las puertas. Me envolvía una sensanción extraña de cansancio y hastío. De repente miré hacia la ventana oscura y percibí que venía una persona a mi lado. Era un hombre joven, moreno y llevaba una caja azul en el regazo.
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Fue un momento extraño. Me fijé en la caja azul (pude darme cuenta que contenía un decodificador de televisión digital terrestre -TDT) y casi inconscientemente fuí subiendo la mirada hasta toparme con los ojos del hombre. Ambos nos observamos con un gesto de sorpresa. Me dí cuenta que era el mismo hombre que había compartido conmigo dos horas antes el asiento y él, seguramente, también se percató de que yo era la misma chica del abrigo negro y la bufanda rosa y lila, al lado de la cual se había sentado. Era, en efecto, una rara coincidencia, una de esas situaciones azarosas que suceden una vez cada millón de veces; era algo así como acertar con un número de la lotería. La voz gangosa anunció la parada Can Serra y me dispuse a bajar. El hombre salió corriendo y subió por las escaleras mecánicas...
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Situación curiosa y extraña que sin embargo me iluminó el día y me devolvío la fe en los imposibles. Y es que sólo en el espacio público pueden suceder esos encuentros entre extraños, esas situaciones azarosas increíbles. Pues allí todo es especulación: de usos, de sentidos, de situaciones, de encuentros, de movimientos...
Martha Cecilia Cedeño Pérez

NI GUERRA NI GUANTÁNAMO GLOBAL

Manifestació, 18 de març de 2006: Ni guerra ni Guantánamo global

A l’assemblea especial de la Plataforma Aturem la Guerra, el 15 de desembre, hi van participar, en total, unes 25 persones, de partits i sindicats, així com de diversos col·lectius i entitats.

El tema central va ser la mobilització internacional del cap de setmana del 18 i 19 de març, el tercer aniversari de l’inici de la guerra contra l’Iraq.

L’última crida per aquesta acció ha estat la conferència internacional per la pau, celebrada a Londres el 10 de desembre, on unes 1.500 persones del moviment antiguerra de Gran Bretanya, així com d’EUA i arreu del món, van reunir-se amb representants de la resistència iraquiana. És una mostra més que el moviment internacional contra la guerra a l’Iraq segueix viu, actiu, i és totalment necessari.

A l’assemblea de la plataforma, vam acordar els següents punts:

Manifestació, el dissabte 18 de març, a la tarda.Demandes (encara s’han de polir els lemes exactes): aturem la guerra; fora les forces d’ocupació/retirada immediata de les forces d’ocupació; no als vols de la tortura/no al Guantánamo global.
Jornades, probablement el dissabte 25 de febrerPer escalfar motors per a la mani. Proposem dues sessions.1. Sobre la situació a l’Orient Mitjà (Robert Fisk no pot venir; estem buscant altre ponent semblant). 2. Sobre el moviment antiguerra, incloent un(a) ponent d’EUA (encara estem negociant per veure si pot venir la Cindy Sheehan; si no pot ser ella, sembla que sí tindrem un altre representant del moviment d’allà).
Accions locals (on sigui possible) la nit del divendres 17 de març.A proposta dels representants de la Plataforma de Molins de Rei, vam acordar animar als grups locals a reactivar-se, on han deixat de reunir-se, i a convocar concentracions la nit del divendres 17 de març.
Celebrarem la propera assemblea general de la Plataforma el dijous 19 de gener, a les 19.30h, a Sodepau, (Ptge. del Crèdit 7, pral. Metro Liceu o Jaume I)
Es celebrarà una comissió per avançar detalls de les jornades, el dimecres 11 de gener, també a les 19.30h, a Sodepau.

Per resumir:

La guerra continua matant gent, nosaltres també continuem mobilitzant-nos.
Hi ha molta gent a Barcelona i comarques que s’oposa a la guerra. Si comencem a treballar ara (o sigui, des de principis d’any), el 18 de març tindrem una bona manifestació a favor d’un món més just i en pau.
 
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