Sunday, August 28, 2011

Precariedad


Mi columna de esta semana en El Líder.

Podéis leerla aquí.

Wednesday, August 24, 2011

"Astronomía de Bolsillo", poemas de William Fernando Torres



William Fernando Torres fue mi profesor  cuando yo estudiaba  Lingüística y Literatura en la Universidad Surcolombiana.  Una época magnífica llena de despertares, proyectos, canciones, vinos, viajes...  Bajo su influencia, quienes tuvimos la suerte de ser sus alumnas y alumnos, recorrimos caminos más allá de las cuatro paredes del aula. Nos adentramos en los intersticios de la creación y la vida. ¡Todo a la vez!  


Con él navegamos por las aguas de la poesía, la música, el teatro, el quehacer pedagógico con el placer de la palabra y la acción y el gusto por explorar nuevos senderos.  


Pero WF además de ser profesor, investigador, trabajador cultural incansable, narrador de altos vuelos también es un poeta consumado. Uno de esos cantores sutiles y profundos que hacen de la palabra un arte de depuración y sensibilidad. 


Hace algunos días me envió algunas de sus creaciones; hoy quiero compartirlas con todas las personas que leen esta bitácora.








ASTRONOMÍA DE BOLSILLO



William Fernando Torres 


Para
Hildita





I





Somos
pedazos de estrellas, luciérnagas, me digo en los caminos oscuros, cuando
ladran los perros de las constelaciones.


Me
guía el aroma del pan recién hecho en tu casa y la Cruz de Mayo.





II


Sigo
tus caminos. Son de barro y piedra. Has puesto tapias de adobe para el que te
busque. Huyes en la luz. Te llamo con mi cuerno de caza y sólo responden las
luciérnagas. Eres montaña o nube. Neblina que oculta a los ganados. Un río que
se agazapa en el valle. Allí me sumerjo para encontrar los guijarros más
blancos. Los que pones detrás de tus puertas turquesas bajo las matas de
sábila. Vuelvo con iluminadas puntas de estrellas en las manos.


Pero
de ti sólo quedan leves huellas en el cuarto de baño, la salvia junto al hilo
de sol en la ventana.





III


Navego
con los ojos abiertos bajo el agua del amanecer, pero no encuentro tus caminos.
Tus riveras me acogen como a un viajero perdido.


En
cuanto duermo mi desventura, tu mano viene a cubrirme con una colcha de retazos
celestes.


Al
amanecer tu cocina huele a aguadepanela y anís.


Sobre
tu mesa amarilla hay mangos, mameyes, marañones.


Y
una ramita de yerbabuena.











IV


Único
mandamiento: no matar al niño que llevo dentro. No ahogarle su locura.


Sólo
esto lo dejará llegar ebrio a tu casa bajo los aguaceros de la madrugada.
Entonces te contará de perlas lunares y pescados de colores que trae en los
bolsillos. Tu correrás a buscar toallas y mientras lo secas exclamas: “Pero
¡cómo te has empapado! Mira las luciérnagas que traes en el cabello!”


Luego
saludas al amanecer y tejes una larga conversación en la cocina con el café de
otros tiempos.





V





Tu
cuerpo es un mapa de mirtos y guayabas maduras. Para recorrerlo no basta una
lámpara con todos sus aceites. Nuestras iluminadas yemas de los dedos perciben
sombras, ásperos trazos del desierto. Mas cuando pasan las caravanas de las
constelaciones, ellas son destellos de estrellas.


En
las floraciones de la madrugada, entro en tu río coronado de luces.





VI





He
naufragado en casi todas las quebradas del Huila.


En
la Maito tragué agua por primera vez. Por la Careperro perseguí pájaros aguas
arriba. Recorrí la Cucaracha buscando tilapias con mis amigos de cuadra. Mi
familia hizo amorosos sancochos en las orillas de la Jagua, mientras padre
pintaba los domingos y madre cantaba dulces canciones antiguas.


En
las desesperadas aguas de la Yaguilga una mujer sumergió mi infancia.                                         En las tibias aguas de Cuisinde conocí el
amor.


Por
Navidad, con mis tíos, secamos un brazo de la Jacué para llevar bocachicos a
todos los vecinos. Por San Juan a muchas de ellas les canté serenatas con mi
voz de carbonero. He caminado la Tortuga, la Caraguaja, la Arenosa, cuando se
salen de madre, pidiéndoles perdón.


A
la mansedumbre de la Albadán vuelvo siempre. A veces me baño solitario en
quebradas sin nombre y guardo sus hojas y arenas para ver si me vuelvo
filósofo.


Cada
día oro a la Chaquira: le pido que me deje vivir junto a sus torrentes.


Pero
ninguna. Ninguna de ellas, es como el río tranquilo de tu cuerpo durmiendo
desnudo bajo las sábanas.








VII





En
la noche cerrada se abre la tormenta. Con pasos sonámbulos te levantas a
trancar puertas y ventanas para conjurar a los relámpagos. Para que la
hojarasca que llevan los ríos no inunde nuestros sueños. Las cortinas se baten
como grandes pájaros en el zaguán de tu casa. Coronada de lluvia vuelves al
lecho. Tomándome las manos me salvas de todos los naufragios bajo tu colcha de
retazos celestes.


Todas
las tormentas, mis quebradas, las constelaciones, destejen entonces los
caminos.


Y
llega el canto de las mirlas.





VIII





Navegamos
en la vieja casa de los libros. Es imposible recorrerla porque es enorme y
laberíntica. Tiene una vieja ceiba en el solar y pájaros peregrinos que vienen
de todos los ponientes. En las habitaciones del fondo se escucha el rumor de
una quebrada subterránea. Hay nubes detenidas sobre antiguas voces y se
escuchan fragmentos de cantos dulcísimos cuando cambia la luz.


También
moran en ella ahorcados de otros siglos.


Aquí
se viene para arrojarse de bruces a los límites.


Sin
embargo, hay instantes felices.


Bajo
las palabras se percibe la palpitación del universo. A veces de pronto fulgura
la súbita comprensión de ciertos misterios.


Después
quedamos ciegos: hemos descubierto lo indescifrable y lo no sabemos contar.


A
tientas volvemos a nuestros balbuceos.





IX





Ahora
aprendo a morir. Muy pocas cosas me son necesarias.


Tal
vez conversar con alguno de mis hermanos bajo la ceiba del patio o atender las
asombradas preguntas de mis hijos.


Pero
siempre me falta la luna clara de tu sueño.






Sunday, August 21, 2011

Insomnio*





Martha
Cecilia Cedeño Pérez


Poeta
y antropóloga





“De
fierro,


De
encorvados tirantes de enorme fierro, tiene que ser la noche,


Para
que no la revienten y la desfonden


Las
muchas cosas que mis abarrotados ojos han visto,


Las
duras cosas que insoportable la pueblan…”


Con estos versos empieza un
excelente poema del maestro Borges cuyo título es toda una revelación: la
insondable presencia de la vigilia cuyo abrazo letal nos confina en un mar de
pensamientos, de sensaciones y de angustias. 
La imposibilidad de dejarnos caer en las profundidades del sueño para
escapar de esa realidad abarrotada de murmullos casi siempre opacos.   La presencia de un Dios perverso que nos
priva de las bondades del inconsciente. 
¡Máximo castigo que nos quiebra los ojos y la razón!


Cuando el insomnio nos
abraza, Cronos se alarga de manera desmesurada con sus segundos, sus minutos,
sus horas transformadas en siglos o en instantes eternos de angustia. Y mirar
el reloj sobre la mesita de noche es una tortura o, peor, un acto de
masoquismo.  La constancia absoluta de
que estamos pagando una condena que no nos merecemos. ¿Qué he hecho yo para
estar despierta a estas horas de la madrugada? Pregunta de claro tinte
judeocristiano de pecado-castigo que, sin embargo, permite rebelarnos contra lo
inasible.


Hay una cosa aún más grave:
en la vigilia los pensamientos se arremolinan en la nuca y en el entrecejo. Se
apropian de nuestra cabeza y nuestro ser. Nos arañan con sus garras para
expropiar recuerdos.  Nos extorsionan con
sus imágenes reiterativas que vienen y van.  Invaden cada uno de nuestros espacios y tensan
nuestros nervios en cada giro, en cada postura sobre la almohada convertida en
una roca movediza. 


Y de nada sirve ejercitar la
respiración,  asomarse al balcón,  leer un libro o ver una vieja película:
Insomnio sigue allí despierto. Achacamos su contundencia a la luna llena.  O al café de la tarde, a los golpes de la
cotidianidad, al fragor del clima. A cualquier cosa que justifique nuestra
inoperancia en las artes del buen dormir.


A veces Insomnio es buen
consejero y mientras nos acompaña podemos crear mundos, versos, músicas,
amores… forjar lo inimaginable. Aunque siempre hay una realidad: los ojos
marchitos con sus sombras oscuras en el rostro.


Insomnio es,  según Borges, “temer y contar en la alta
noche las duras campanas fatales, es ensayar con magia inútil una respiración
regular, es la carga  de un cuerpo que bruscamente cambia de lado, es
apretar los párpados, es un estado parecido a la fiebre y que ciertamente no es
la vigilia, es pronunciar fragmentos de párrafos leídos hace muchos años, es
saberse culpable de velar  cuando los otros duermen, es querer hundirse en
el sueño y no poder hundirse en el sueño, es el horror de ser y seguir siendo,
es el alba dudosa”.


 ...


Columna de esta semana en el diario El Líder.





Monday, August 15, 2011

Cuestión de violencia.


Mi  columna semanal en el diario El Líder se puede leer aquí:

http://www.ellider.com.co/2011/08/14/martha-cecilia-cedeno-perez-11/

Friday, August 12, 2011

Regreso a la normalidad



Poco a poco retomo la corriente de la "normalidad". O, más bien, la de la rutina con sus idas y venidas, con su aire sisífico. Y me gusta reencontrarme, sobre todo,  con la palabra que se había perdido en alguna esquina del verano con sus viajes y sus calores insatisfechos.  


Mi libreta ha vuelto a llenarse con notas, imágenes, frases. Y en mi cabeza bullen las ideas que ya no se quedan en ese limbo de la inercia. Saltan de ella al ordenador o directamente a la acción cotidiana.


Vuelvo a la normalidad  y no se por qué intuyo que tendrá nuevas corrientes, nuevos cauces que me llevarán a otros ríos y mares.


Ah, se me olvidaba, desde ayer esa normalidad me reconoce  menos paria...





Tuesday, August 2, 2011

En las entrañas de Collserola

Para mi no hay nada mejor que caminar por la montaña o, en su defecto, por alguno de esos senderos periurbanos que devuelven algo de ese verde perdido entre el hormigón y la voracidad de la polis.
Por fortuna para quienes vivimos en Barcelona y su área metropolitana aquí contamos con el Parc Natural de la Sierra de Collserola. Un magnífico macizo con más de 8.000 hectáreas de espacio natural preservado en el que predominan espacios forestales con una gran variedad de formaciones vegetales que le confieren una valiosa diversidad biológica. 
Es un lugar espléndido y cercano que nos permite disfrutar al aire libre de esos  pequeños placeres que engrandecen la existencia. Nada cómo pasear  por sus caminos escondidos entre los  árboles y detenernos un momento para contemplar la ciudad, muda, a nuestros pies. O para sentarnos debajo de un árbol a leer aquel texto olvidado o para escuchar el silbido del viento entre las hojas o el canto de los pájaros... O simplemente para desconectar un poco de la agitación perversa de la ciudad.
Y la semana pasada estuve en las entrañas de Collserola con mi amiga Cecilia y su compañero Juan Guillermo. Esta vez hicimos uno de los recorridos que salen de Cerdanyola. Fueron casi cinco horas de pasos, de conversaciones y silencios, de miradas y contemplaciones.  Cinco horas de caminos transitados al azar en las que descubrí otros recovecos de la sierra y, sobre todo, la maravilla del paseo en buena compañía.



Ceci y Juan, comenzando la jornada...
Unas estupendas vistas de Barcelona 
Otro punto de la urbe 
Con la ciudad a mis pies... (Foto Juan Guillermo Gaviria)
Fotos: Marthacé

 
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