Veo las mismas calles de entonces
y los mismos árboles azotados por el viento
de la tarde.
Ceibas
Almendros
Pomarrosos
Aquí el tiempo se condensa
en el calor que brota del valle
e impregna la piel y los sentidos.
La canícula es una diosa
inclemente que sin compasión se posesiona de las casas
y los patios
de las plazas y las calles.
Ella nos condena a la noche y los amaneceres
-los mismos que todavía no compartimos-
y nos niega los días claros signados por un sol
infernal que fustiga al más valiente.
Y aquí en medio de la canícula existes tú.
Llegas en el rumor del río
y en el canto de los pájaros
y en las calles ardientes en las que
dejamos marcados nuestros pasos.
Estás en cada uno de los segundos
en los que la canícula me condena al silencio...
Sunday, June 29, 2008
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